Sobre Griegos y Romanos


Impresiones, críticas y recensiones de novelas históricas, documentales y películas sobre las antiguas Grecia y Roma

Simon Scarrow, Los Lobos del Águila

Seguimos con la saga del Águila, es decir, las aventuras de Quinto Licinio Cato, un singular centurión (primero optio) en la Segunda Legión en tiempos del emperador Claudio a las órdenes de Aulo Plautio y Vespasiano en la conquista de Britania.
La cuarta entrega de la serie se titula Los Lobos del Águila (título original en inglés The Eagle and the Wolves, publicado en 2003). A los personajes históricos de la saga como Aulo Plautio y Vespasiano, se suma ahora Verica, rey de los atrebates, una tribu celta que vencida por los catavelaunos se alió con Roma, ayudándola en su conquista de Britania.  En esta novela, Verica, viejo y cercano a la muerte, reina sobre un pueblo hambriento y no puede prestar ayuda a los romanos en la defensa y vigilancia de Calleva, su capital, ni de la ruta de suministros necesarios para la guerra contra Carataco, líder de los britanos.  Por ello, solicita a los romanos la posibilidad de crear unas cohortes de soldados atrebates al servicio de Roma para defender Calleva y los suministros. Aulo Plautio accede y, como no, Cato y su inseparable centurión Macro serán los encargados de instruir estas dos cohortes, que, a imitación del ejército romano, serán instruidas y lucharán bajo estandartes, no de las Águilas romanas, sino de los Lobos (cohorte de Cato) y Jabalies (cohorte de Macro); de ahí, el título de la novela: como la cohorte del protagonista será la que más sobreviva, serán los Lobos del Águila.
La novela se centrará por tanto en el entrenamiento de estos soldados atrebates al servicio de su rey y de Roma y los conflictos políticos que ello conllevará.
Respecto de la instrucción, las cohortes de Lobos y Jabalíes pronto tendrán que entrar en combate contra los durotriges de Carataco; una primera victoria elevará su moral, al tiempo que provocará disensiones internas sobre el uso de las cohortes atrebates para rebelarse contra Verica y pasarse al bando de Carataco, para independizarse o para continuar con los romanos.  No obstante, una nueva batalla con los durotriges conllevará el asedio de Calleva, la destrucción de gran parte de la cohorte de Jabalíes y la resistencia de la de los Lobos.  Esta es la parte de la guerra vista desde el campo de batalla, como algo confuso, humano, casi sin orden ni sentido.
Paralelamente, como a lo largo de toda la saga, las intrigas políticas dan la dimensión histórica de las batallas y de los imperios.  Junto a las ambiciones personales estarán las realidades de los estados, tanto para romanos como para celtas.  En el caso de los atrebates, Verica, el viejo rey, es sabio por viejo, recuerda los viejos tiempos en los que los catavelaunos lo expulsaron de su reino y cómo se vio forzado al exilio y a pedir la ayuda romana para recuperar su reino, a pesar de tener que pagar el precio de la alianza (y yugo) romano.  Sin embargo, nobles atrebates y el propio sobrino del rey, Tincomio, harán lo posible por romper la alianza con los romanos y una traición interna sumada a un ataque externo de los durotriges será el nudo y el desenlace de la novela.
Paralelamente, en el ámbito romano también se encuentran las intrigas: Quintilio, un tribuno aristócrata con pocos escrúpulos y más cobardía, medrará todo lo posible por ascender e incluso conseguir a modo de protectorado una especial de proconsulado del reino atrebate, aunque sin conseguirlo.  La figura e integridad de Vespasiano lo evitarán.  A pesar de ello, son interesantes las negociaciones de romanos y atrebates para mantener la fidelidad de éstos para con aquéllos, plagadas de desconfianzas, dudas, recelos, traiciones, verdades.
La novela tiene todos los ingredientes ya consabidos de la saga (y que ya hemos descrito a colación de otras novelas de Simon Scarrow en este blog, pincha aquí), con un dominio de la estragegia, el mundo militar, y, narrativamente hablando, de la intriga, con un clímax guerrero que se incrementa con la aparente salvación gracias a la llegada de las seis cohortes del legado Vespasiano y con la definitiva salvación no descrita de la llegada de las legiones del general Aulo Plautio.  Como indica Scarrow en su nota histórica, puesto que se lo ahorra en la narración, el mantenimiento de Verica en el trono y de su capital Calleva como eje central de la vía de suministros romanos fueron vitales para la victoria definitiva producida poco después contra Carataco y sus britanos. 
No obstante, en esta ocasión, no hay amoríos ni líos de faldas, Cato es más soldado que otra cosa; en su entorno, la lealtad, el mando, la obediencia serán nuevos y moldearán su carácter; tampoco hay una aventura un tanto forzada de héroes como en la tercera novela de la serie, sino una verosímil situación.
La sinopsis en la web de la editorial Edhasa dice: "Aún en Britania, Quinto Licinio Cato ve la alegría de su ascenso a centurión empañada por una misión casi imposible: convertir a una tribu de bárbaros, los Lobos, en una unidad al servicio del ejército romano que deberá cubrirle las espaldas en su avance por el interior del país. Los infructuosos intentos por dotarlos de disciplina, pese a la ayuda de Macro, darán pie a divertidas escenas, pero hay poco tiempo para las bromas cuando una turbamulta de salvajes se dispone a atacarles.  La presencia de los romanos en Britania es un aspecto de la historia antigua poco tratado hasta la fecha en novelas históricas, y la obra de Scarrow cubre perfectamente esta carencia".
Sobre Simon Scarrow en este blog, pincha aquí.

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