Sobre Griegos y Romanos


Impresiones, críticas y recensiones de novelas históricas, documentales y películas sobre las antiguas Grecia y Roma

Santiago Posteguillo, Los Asesinos del Emperador

Acabamos de leer la última novela de Santiago Posteguillo, Los Asesinos del Emperador, editada a comienzos del pasado mes de Septiembre por la editorial Planeta en su colección de Autores Españoles e Iberoamericanos.
La sinopsis de la contraportada y de la web de la editorial es esta: "18 de septiembre del año 96 d. C. Un plan perfecto. Un día diseñado para escribir la Historia, pero cuando todo sale mal la Historia ya no se escribe… se improvisa: una guerra civil, las fieras del Coliseo, la guardia pretoriana, traiciones, envenenamientos, delatores y poetas, combates en la arena, ejecuciones sumarísimas, el último discípulo de Cristo, el ascenso y caída de una dinastía imperial, locura y esperanza, la erupción de Vesubio, un puñado de gladiadores, la amistad inquebrantable, Marco Ulpio Trajano, el mito de las amazonas, una gladiadora, nueve emperadores, treinta y cinco años de la historia de Roma. 18 de septiembre del 96 d. C. Un grupo de gladiadores dispuestos a todo avanza por las alcantarillas de Roma. Nada ni nadie puede detenerlos. Ni siquiera la Historia.".
Nos encontramos ante otra novela histórica de gran calidad en la que, de nuevo, Posteguillo sabe plasmar todas las virtudes por las que su trilogía anterior sigue siendo un best-seller.
Sabe atraer a los lectores con combinación de historia y ficción (menos ficción de lo que se cree, tal y como el propio autor explica en la Nota Histórica al final de la novela.  La novela está perfectamente documentada en lo que se refiere a los personajes históricos y a los hechos.  
Como defensores de la buena novela histórica, mientras que la historia nos cuenta los hechos y sus personajes, la novela histórica pone en cierto modo alma, voz y palabras a dichos personajes.  Posteguillo sabe crear personajes: en unos casos desarrolla personalidades complejas como la de Domiciano en esta novela; en otros casos sigue el proceso vital desde la infancia hasta la muerte de personajes como Escipión en la trilogía anterior.  Quizás se le pueda achacar que estos personajes puedan ser un tanto planos o estereotipados (el malo es muy malo -Domiciano-, frente al bueno que es muy bueno -Trajano, Escipión-), pero el efecto, el comportamiento y la determinación de los personajes en las tramas y en las novelas siempre resulta positivo y airoso.
Entrando en la valoración de la novela, el hilo conductor de la misma es un hecho inaudito y revolucionario: el ascenso hasta el imperium de un emperador de origen hispano, Marco Ulpio Trajano; para ello, de la mano de su padre, seremos testigos de su vida desde la adolescencia hasta dicho momento a través de los distintos emperadores de los que fue coetáneo: veremos el final de Nerón, el turbulento año y medio de los cuatro emperadores (Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano), la instauración de una nueva dinastía con dos grandes emperadores (Vespasiano y su efímero hijo Tito), el ascenso y caída de Domiciano y la transición caótica del viejo Nerva, que adoptó a Trajano. 
Asistimos, por tanto, a los turbulentos últimos decenios del primer siglo d. C., desde el 63 al 99, con un personaje central y cinco tramas: a pesar de lo que pueda parecer, a nuestro parece, paralelo al hilo conductor de la novela (el ascenso al imperium de Trajano), el personaje central no es Trajano, sino Domiciano y la trama central será su asesinato, como anuncia el título de la novela; para ello, veremos como la historia conduce a este punto desde la perspectiva de varios personajes, que crearán a su alrededor sus propias tramas: Partenio, el consejero de Vespasiano, Tito y Domiciano, que ideará la conjura contra Domiciano; Domicia Longina Augusta, esposa de Domiciano; Marcio, gladiador que participará en la conjura.  Junto a estos personajes tendremos a los pretorianos, brazos ejecutores de las barbaridades de Domiciano y ajusticiadores de los conjurados, en especial en el tramo final Norbano y Casperio.  Mientras todo esto transcurre, Trajano desarrollará su carrera militar en las distintas fronteras del imperio y se mantendrá fiel a los distintos emperadores y al margen de toda conjura.
Una de las maestrías narrativas de Posteguillo es el manejo de los tiempos, de un modo muy cinematográfico: la novela tiene una estructura cuasi-circular con un flashback, ya que se inicia en el año 96, en tiempos de Domiciano, en la escena de su asesinato para retrotraerse a tiempos de Nerón, año 63, y explicar por qué y cómo se ha llegado al asesinato de Domiciano, para continuar con sus consecuencias y el inicio de la estabilidad en el imperio con los primeros años de Trajano al mando, año 99.  Al mismo tiempo, el autor sabe combinar, simultanear y hacer avanzar las vidas de los personajes y sus motivaciones para el asesinato de Domiciano.  Así, la narración de la maldad connatural hasta la locura, los caprichos y la pervesión de Domiciano en todos los ámbitos (poder, sexo, dinero, etc.) discurre paralela a la degradación y destrucción de las mujeres que le rodean (Domicia, su esposa, Flavia Julia y Flavia Domitila , sus sobrinas), a la crueldad en el Anfiteatro Flavio plasmada en Marcio, obligado a matar a su amigo Atilio (se verá compensado con el amor de una gladiatrix y la lealtad de un cachorro) y a la eficacia de Trajano en las fronteras y en la administración.   De este modo, la novela, se va construyendo a base de escenas cortadas de las vidas de distintos personajes que se van simultaneando y avanzando hacia el fin.
Los Asesinos del Emperador muestran lo mejor de la trilogía de Escipión: combinación de personajes elevados e históricos con personajes triviales y secundarios como esclavos y gladiadores, buenos momentos de estrategia militar con cuidadas descripciones junto con escenas cotidianas y amorosas; la vida de palacio y de los mandatarios mezclada con lo mundano, como las cloacas, el barrio de la Subura; en suma, realidad y ficción para dar vida a lo conciso y concreto de la historia.
Sin duda, en el caso de Santiago Posteguillo nos encontramos ante uno de los mejores, si no el mejor, de los autores españoles de novela histórica ambientada en el mundo romano.
La lectura de Los Asesinos del Emperador parece anunciar -como así lo esperamos y, si no, invitamos a su autor a hacerlo- una nueva trilogía centrada en los dos primeros emperadores romanos de origen hispano, Trajano y Adriano.  Hay diversos indicios de ello: toda la novela conduce a un punto, el nombramiento de Trajano como emperador, pero el personaje central es el nefasto emperador Domiciano; si se quiere justificar la valía de Trajano no vale con dejar claro la pésima administración y los desvaríos de Domiciano y el período transitorio del emperador Nerva; se espera que en algún momento se nos diga por qué fue tan buen emperador Trajano.  Se nos ha dibujado muy bien su lealtad, su educación bajo los preceptos de su padre, su buena administración al mando de las legiones a lo largo y ancho del imperio, pero falta en realidad su imperium, por lo que avanzamos nuestra sospecha que eso será el argumento central de un segundo volumen de la trilogía.  Por otro lado, el que hacia la página 1050 aparezca por primera vez nombrado Adriano y que en las últimas 60 hojas del libro tenga un papel importante da qué pensar: aparece de la nada ya adulto (paradójicamente a lo largo del libro sí se habla del resto de la familia de Trajano y sus sobrinas, pero no de Ariano) y el que resulte un personaje activo en el momento en que Trajano es nombrado emperador hacer pensar que el tercer episodio de la trilogía será el nombramiento e incluso el imperium de Adriano.
Con todo, a modo de crítica constructiva, no podemos pasar por alto que "cualquier maestro echa un borrón" y hay una serie de detalles, peccata minuta en todo caso, que afean esta novela, que sería deseable que se corriegieran y cuya culpa deben recaer no sólo en el autor, sino también en los correctores que se espera que una editorial como Planeta tenga y en los editores en última instancia.  Vamos a enumerarlos:
En primer lugar, las malas pasadas del ordenador, de su corrector ortográfico y de la mecanografía mecánica: se escapan correcciones del tipo "sector" en lugar del término "secutor", "Armiño" en lugar del caudillo querusco "Arminio" y algún Monguntiacum en lugar de Moguntiacum.
Ya que acabamos de citar un topónimo, sería deseable que no se usen nombres modernos de ciudades mezclados con nombres antiguos, es decir, una coherencia, o todos con el nombre latino o con el nombre en castellano, pero no una mezcla: todos los nombres de ciudad citadas en la novela siguen la denominación latina (Sirmium, Singidunum, ...), excepto Pompeya (en latín Pompeii; incluso en el mapa interior es la única ciudad cuyo nombre no está en latín) y Jerusalén (en latín Hierosolyma); lo mismo ocurre con las provincias, que generalmente se citan en castellano, pero no es el caso, por ejemplo, de Moesia (en castellano, Mesia).
Alguno de estos errores se debe a un desconocimiento o una no aplicación deliberada de las normas de evolución fonética del latín al castellano -en los sustativos a partir del acusativo- por la que vemos que en ocasiones sí se siguen las normas y en otras no; así, en los antropónimos se producen también unos errores incómodos: si el diptongo latino -ae pasa a -e en castellano no se entiende por qué en un caso se dice Elio Adriano (en latín Aelius Hadrianus), pero aparece en algún caso Casperio Aeliano -y no Eliano- (en latín Casperius Aelianus).  El grupo consonántico -th pasa al castellano a -t y los nominativos latinos acabdos en -o pasan a -ón, de manera que el emperador Otho debería decirse Otón.  Un ejemplo más por no alargarnos: las consonantes geminadas de manera general se simplificaron en su paso al castellano, de manera que -tt pasa a -t y -cc pasa a -c, pero nos encontramos erróneamente a Attio Suburano (en latín Attius Suburanus) frente a un correcto Marco Coceyo Nerva (en latín Marcus Cocceius Nerva).
Además , resulta un tanto incoherente la mezcla de términos latinos en latín con términos latinos traducidos e incluso su explicación; al final del libro hay un extenso y buen glosario que permite entender los latinismos y términos culturales y de realia que aparecen en el texto, pero hemos detectado algún caso con contradicciones: al enumerar un cursus honorum se indican en latín los nombres de los cargos y magistraturas en latín, pero se intercalan algunos en castellano como "tribuno de la plebe" y lo que es peor, que mientras que a lo largo de la novela los términos latinos casi nunca se explican (para eso está el glosario), de repente en dicha enumeración los términos se explican o traducen entre acotaciones [].
Por último, junto a los textos en latín y en griego se dan la traducción de los mismos, a veces un tanto libres, tal y como se indica; sin embargo, en esa libertad a veces se atenta contra el significado del texto e incluso se introduce algún error grave: en la imprecación de Nerva a los dioses de la tríada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva ) el autor aporta el texto velitis, iubeatis, uti M. Ulpius Traianus ..., como texto de un ruego; no sabemos si no cayó en la cuenta que dicha expresión es una fórmula abreviada donde se ha elidido el verbo principal e incluso la conjunción (rogo vos ut, "os ruego que" seguida de verbo en subjuntivo); el error es doble, porque no se da cuenta de que hay dos verbos que aparecen en subjuntivo velitis y iubeatis (literalemente "os ruego que querías y ordenéis que" u "os ruego que queráis ordenar que") y considera que velitis procede de veles, velitis ("soldado auxiliar"), haciéndolo vocativo (aunque la forma en realidad sería genitivo), de manera que, aunque el sentido de la imprecación es claro y evidente, la traducción es errónea y confusa.
Sobre el autor, Santiago Posteguillo, ya hemos hablado en este blog a propósito de su trilogía sobre Publio Cornelio Escipión (Africanus, el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma); no obstante, os pasamos la breve biografía que la editorial facilita en su web: "Santiago Posteguillo, profesor titular de lengua y literatura inglesa en la Universitat Jaume I y doctor europeo por la Universitat de València, estudió literatura creativa en Estados Unidos y lingüística, análisis del discurso y traducción en el Reino Unido. Publicó Africanus, el hijo del cónsul en 2006, Las legiones malditas en 2008 y La traición de Roma en 2009. Esta trilogía, aplaudida por centenares de miles de lectores en España y América Latina y en proceso de traducción a diferentes idiomas, ha sido merecedora de grandes elogios por parte de expertos y crítica. Reconocido como uno de los «Valencianos para el siglo XXI» por el periódico Las Provincias, Santiago Posteguillo ha sido finalista del Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, ha sido premiado por la Semana de Novela Histórica de Cartagena y ha recibido los galardones Hislibris.com 2009 al mejor novelista histórico y a la mejor novela histórica. En 2010 Santiago Posteguillo recibió el prestigioso Premio a las Letras de la Generalitat Valenciana, que dicha institución concede una vez cada dos años".